jueves, 14 de abril de 2011

BASKET CASE: Capítulo 8

Capítulo 8:  Tania's crying cause now she's realizing love can be filled with pain and distrust.

Luego de ese día agotador y de volver a ver a Billie como si nada, y volver a ver un recital fantástico de la banda, llego a casa, abro la puerta y veo a Berta, Mario (su esposo) y a Diego, sentados en el sofá, esperándome, no sé porqué pero tenían una cara de tragedia que no se la podían aguantar.

-         Tania, tenemos que hablar seriamente. – Dijo Mario serio como siempre.
-         Toma asiento. – Me invitó igual de seria Berta.
-         ¿Hice algo malo? Si es por la hora, perdón, pero es que la banda telonera atrasó una hora el show y…
-         No es por eso, es un tema mucho más delicado. – Dijo interrumpiéndome Mario.
-         Si, así que necesitamos que te sientes y te relajes y nos escuches muy bien. – Replicó Berta. Luego tomé asiento como me dijeron y yo todavía desconcertada sin saber nada, de lo que se trataba ese asunto tan serio. Diego sólo miraba a sus padres y a mí de vez en cuando. – Bueno, Mario te contará todo.
-         Mira Tania. – Dijo ligeramente inclinándose y mirándome fijamente. – En la tarde, recibí un llamado de tu madre, y lo que me contó no fueron buenas noticias. Me contó todo lo que había pasado con nuestra nieta, ya que yo no sabía mucho del asunto y luego procedió a contarme todo. ¿Te acuerdas de Gabriela y Pedro?
-         Si, los padres adoptivos de mi hija… - Dije con un tono bajo, y rascándome el mentón.
-         Bueno, ellos fueron un fin de semana, a una pequeña vacación, dejando a la pequeña con la madre de Gabriela. El asunto es cuando venían de vuelta, tuvieron un horrible accidente, chocaron de frente con un camión que venía a exceso de velocidad y con el conductor manejando en estado de ebriedad. El resultado debo decirte y para esto tienes que mantenerte serena. Los 2 fallecieron, y la familia de Gabriela y Pedro, decidieron devolver a la bebé a su madre, es decir a ti, y ahora la bebé está con tu mamá; y una asistente social llamada Romina vendrá el lunes y traerá a la pequeña para acá.
-         Mierda. – Dije antes de romper en llanto.

Los minutos siguientes deben haber sido en los que más he llorado en mi vida, Berta hacía todo lo posible por consolarme. Primero pensaba en Gabriela y Pedro, eran una pareja tan joven y con tanto futuro por delante y por culpa de un imbécil copeteado, ya no están; y segundo me daba rabia por la familia de ellos, al dejar a mi niña sola, era de su familia y la botaron, y ahora yo, una chica irresponsable de 12 años, me voy a tener que encargar de ella, y obviamente alguien como yo no sabe como criar una niñita de un año. Mi llanto representaba mi miedo a lo desconocido. Por algo la di en adopción, ahora no sé, no tengo opción, me tendré que quedar con ella. Mientras seguía llorando, me di cuenta de otro sollozo, era Mario consolando a Diego. Al fin y al cabo la niña también es su hija y también le entraba un pánico enorme, sólo el hecho de que los dos no podamos nunca ser los padres ideales para la nena, como lo fueron en su corto año Gabriela y Pedro.

Pasó el domingo, estuve todo el día en cama, en un estado de shock aún, pero a la vez preparándome psicológicamente para la llegada de mi niña. Qué raro sonaba eso cuando lo pensaba, yo mamá, nunca lo sentí, y en menos de 24 horas tenía que asumirlo concretamente.

Llegó el Lunes, tenía que hacerme el ánimo, primero de ir al colegio y saber que cuando volviera a casa iba a estar “ella”, esa pequeña criatura esperándome, y segundo de que de una u otra forma iba a terminar contándole a mis amigas, mi historia. Tenía una cara terrible, no quería ir al colegio, porque sabía que al segundo iban a empezar las preguntas.

-         ¿Y esa cara? – Preguntó Sofía apenas llegué y me senté en mi banco.
-         Si les cuento no me van a creer. Es algo muy serio y delicado.
-         Cuenta, confía en nosotras. – Dijo ansiosa Belén.
-         En resumen, hace más o menos un año tuve una bebé… - Todas quedaron, con mucha razón, perplejas y sorprendidas. - … y la di en adopción, y los padres adoptivos murieron en un terrible accidente y hoy llega mi hermana a mi casa con la nena, porque la familia de los padres adoptivos, no quisieron quedarse con ella.
-         ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Con quién? – Decían las chicas desordenadamente y totalmente shockeadas.
-         Eso, que tuve una hija que di en adopción y hoy vuelve a mi vida de sopetón.
-         ¡Oh, Dios! – Exclamó tapándose la boca Vale.

No se volvió a tocar el asunto en todo el día, y así pasó todo el día, conmigo bajoneada y con las chicas con miedo de preguntarme más detalles, pero todo el tiempo a mi lado. Ojalá esto no las espante y mañana me dejen sola, o me miren raro al llegar.

Caminaba muy lento a casa, sin ganas de querer llegar y enfrentar mi realidad y esperar a la asistente social que vendría con la criatura.

-         Al fin llegas. – Me dijo Berta al abrir la puerta.
-         ¿Y la asistente social?
-         Romina está en tu pieza con la niña. – Dijo mientras empezábamos a subir las escaleras.
-         Te dejo, ella te explicará todo. – Dijo Berta mostrándome a la nena en un cochecito y a Romina sentada en mi cama. Estaba abrumada por todo.
-         Hola. – Saludó cordialmente Romina.
-         Hola. – Repliqué.
-         Te explicaré todo para que lo puedas entender, aquí están todos los papeles habidos y por haber, actas de nacimiento, enfermedades que ha tenido Perlita y muchos más etcéteras. Espero que puedas aceptar todo esto y cualquier cosa aquí está mi número. – Decía mientras me pasaba una pequeña tarjeta. – Bueno eso es todo, el resto lo haces tú, adiós. – Dijo para retirarse.
-         Adiós. – Dije para luego ponerle atención a Perlita.

Era la criatura más adorable que había visto en mi vida, pelo negro, ojos pardo como los de Diego y todo el rato sonriendo, sin saber las atrocidades que pasaban a su alrededor. Lo primero que hice fue dejar mis cosas por ahí, sacar a la niña de su coche y sentarme en mi cama con la nena en mi falda.

-         Así que Perla, ¿Ah? – Le preguntaba y ella sólo balbuceaba. – Qué lindo nombre, te lo voy a dejar. - Luego llega Berta otra vez y me mira fijamente y se demora un rato en hablar.
-         Es igual a Diego… - Dijo ella.
-         Es hermosa, se merece su nombre de todas maneras. – Repliqué yo.
-         No te preocupes por nada, yo te ayudaré con ella, de todas formas, es mi nieta, ¿no?
-         Claro que si, y… gracias otra vez.

Creo que me pasé toda la tarde con ella, le hablé de cosas, de Green Day, de lo que podría ser cuando grande y muchas otras cosas al azar. También pasó que le di de comer y después de un rato lloró desconsoladamente; se hizo en sus pañales, la tuve que cambiar. ¿Cómo un bebé puede transformar un colado en “eso”? Luego, llegaron los hombres, armaron la cuna y se fueron, yo le hice la cuna, y la acosté; después de eso, ya me había dado cuenta que mi vida, desde ahora, iba a ser completamente distinta, colegio, casa, colegio, casa y eso iba a ser por lo menos hasta que yo saliera de la escuela en un buen par de años más. Ya era una mamá, pero dejaba de ser Tania, la chica inocente que terminó siendo rebelde, sólo porque le rompieron el corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario