jueves, 14 de abril de 2011

BASKET CASE: Capítulo 6 (Parte 1)

Capítulo 6 (Parte I): Tania: To this day I’m asking, why I’m still think about you?

No creía lo que recién había pasado, rompí la primera cosa que vi, ese jarrón que me había regalado una fan hace un tiempo, y que todavía lo conservaba.

Me sentía traicionado y haberla echado debía ser la cosa más difícil que hice en la vida, y decirle que no la amaba y romperle su corazoncito de niña, me hacía sentir el idiota más grande del mundo, era responsable quizás de hacer que Tania despreciara a los hombres por el resto de su vida, yo la amo. Pero con ese Diego rodeándola como espía, no estaba en condiciones de poder seguir mi relación con ella, además esa odiosa diferencia de 22 años, me hacía sentir que le quitaba su pubertad y juventud, y me importa tanto Tania, que no iba a dejar que desperdiciara sus mejores años con alguien de mi edad.

Después de que reflexionaba todo esto, sentado en el sofá, mirando el jarrón roto, mi teléfono sonó, no estaba en las mejores condiciones, pero tenía que contestar.

-         Aló. – Dije con una voz muy baja.
-         Billie, ¿Dónde mierda estás? – Decía Mike muy enojado al otro lado de la linea telefónica.
-         Espérate, espérate, espérate, primero que nada, hola Mike, estoy bien, qué bueno que lo preguntes. – Dije ironizando.
-         Hola Billie, ahora responde ¿Dónde carajos estás?
-         Sólo estoy al otro lado de California en un pequeño departamento que arrendé.
-         ¿Y por qué cresta te fuiste sin avisar? – Decía Mike sin una pizca de simpatía.
-         Perdón.
-         Mira Billie, te voy a contar una cosa, por si no te acuerdas, tenemos un concierto muy importante en una semana, ¡Y no has venido a ensayar!
-         Chuuuuu… - Dije al darme cuenta de que no me acordaba en lo absoluto de ese concierto.
-         Si, y además tienes o más bien “tenemos” un problema.
-         ¿Qué pasa?
-         Dímelo tú, ¿No eres el que se especula que anda con una niña, muy cariñoso por ahí? Mira Billie, óyeme bien, la gente está rumoreando, que andas de la mano y dándote besitos con una niñita de 12 o 13 años por ahí, y los paparazis en un parpadeo, te van a buscar, te van a encontrar, y quizás qué escándalo grande armen con ese material. – Me comentó y la expresión de mi cara no cambió.
-         Problema resuelto, que me busquen, me encuentren, porque no tendrán ningún material de nada. – Expliqué.
-         No te entiendo Billie – Respondió Mike desconcertado y un poco confundido.
-         Es verdad, salgo con una nenita. Pero eso ya se acabó, segundos antes de que llamaras, estaba terminando con ella. – Mike se calló, cosa que me hizo dudar si todavía estaba en la línea. – Mike, ¿Mike?, ¡MIKE! – Grité al no hallar respuesta.
-         ¿Ah? ¿Qué? Bueno, si terminaste con esa “nenita”, ¿Qué esperas para venir a ensayar? Ya sabes, donde siempre.
-         Estaré mañana a primera hora.

Sin dudarlo empecé a empacar las cosas. Iba a estar cerca de Adrienne, si, pero por lo menos iba a volver con la banda para ensayar, y sacarme quizás un poco a Tania de la cabeza.

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Pasaron los días y no muchas cosas habían cambiado, yo pasaba todo el día viendo televisión; Berta un día de estos, terminaba de lavar la loza y se sentaba al lado mío.

-         Tienes que hacer algo con tu vida, Tania. Sé que estás triste porque terminaste con tu novio, pero no puedes estar así, sólo como una persona quitándole oxigeno al planeta. – Al terminar la frase, Diego había entrado a la casa y había escuchado lo que Berta me había dicho.
-         Hasta yo hago algo productivo. – Dijo Diego, pesado como siempre y yéndose rápidamente a su cuarto.
-         ¡Cállate Diego no te metas! – Le gritó Berta a Diego, al ver que su comentario me molestó. – No le hagas caso.
-         No hay problema, estoy tan bajoneada que sus burlas me entran por una oreja y me salen por la otra. – Dije resignada.
-         Bueno, pero no me has dicho acerca de lo que realmente me senté a comentarte.
-         Ah, eso. – Repliqué sin ganas. – No sé, usted dígame. – Creo que al segundo de haberlo dicho ya me arrepentía de mencionarlo.
-         Estudia. Vuelve al colegio. Ten metas, no sé.
-         ¿Usted paga?
-         De eso es de lo que menos tienes que preocuparte. – Dijo con una sonrisa tranquilizadora.
-         Bueno. – Hice una pausa. – Pero con una mínima condición.
-         Dime.
-         No en el mismo colegio de Diego. – Al instante Berta se rió a carcajadas, tapándose la boca y ahí vi que ella había entendido mi punto.
-         Está bien, te entiendo, bueno, como sólo ha pasado una semana de clases del común de la gente, creo que no será tarde para matricularte en algún colegio.
-         La quiero. – Mencioné con entusiasmo, abrazándola y dándole un cariñoso beso en la mejilla.

Luego me paré del asiento y fui al baño que estaba en el segundo piso, y al salir decidí meterme al cuarto de Diego y asustarlo, entré lentamente sin que Diego se diera cuenta y me puse detrás de él.

-         ¡¡¡Boo!!! – Grité y él pegó un salto que lo hizo rebotar en su silla.
-         Por la conchet…, me asustaste.
-         Cuéntame una nueva. – Bromeé.
-         ¿A eso viniste? Bueno, adiós.
-         No tan rápido, emo-no-asumido. – Decía llamando su atención, nunca le gustó que lo llamaran así.
-         Ya empezaste. – Replicó con una cara de pocos amigos. – Entonces, ¿Qué quieres?
-         Nada, sólo a pedirte un par de explicaciones.
-         Si es por la “criatura”… - Dijo haciendo comillas con los dedos en ciertas palabras. – no estoy con ánimo de hablar de esas cosas.
-         Aunque no lo creas, no es por eso. Voy a volver a la escuela.
-         ¿Vamos a ir a la misma escuela como antes? – Dijo extrañamente entusiasmado.
-         No. Ja, ja, ja, ja, ja. – Solté una risa malvada.
-         Que eres mala, ¿Qué te he hecho yo? – Lo fundí con la mirada, él sabía que no podía preguntar eso.
-         Diego…
-         Si ya sé, ya sé, pero, ¿De cuándo te caigo tan mal? – Dijo.

No respondí, lo miré una vez más enojada, dejándole a entender que no debería hacer esas preguntas, porque él ya tenía la respuesta.

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