jueves, 14 de abril de 2011

BASKET CASE: Capítulo 5

Capítulo 5: I think they found another cure, for broken hearts and feeling insecure.

Pasaban los días y mi comunicación con Billie empeoraba. Y era todo culpa mía. Mía y del estúpido de Diego. El imbécil se tenía que aparecer justo cuando mi relación con Billie era perfecta.

Pero ahora no lo era, sólo hablábamos en las comidas del día de cosas sin sentido, y él se pasaba con su guitarra en su pieza, y yo con mis libros en la mía. Eso me apestaba, y pude sentir que a él también le desagradaba en lo que se había convertido nuestra relación.
Una de esas tantas conversaciones desganadas de los almuerzos, desayunos y onces, salió una que verdaderamente tenía sentido.

-         Quiero que me digas porqué has estado así todos estos días. – Soltó Billie más serio que nunca. - ¿Hay algo que yo no sepa?
-         Nada. – Mentí.
-         ¿Te topaste de nuevo con ese imbécil? Porque te juro que si te hizo algo, salgo, lo busco y le saco la cresta. – Dijo con rabia. Que come que adivina, me decía yo por dentro. No podía seguir mintiéndole.
-         En realidad sí pasó algo. – La cara de Billie cambió en un segundo, de su cara enojada, cambió a una cara que no mostraba ningún sentimiento.
-         ¿Y por qué no me lo dijiste? Odio verte así. – Dijo en un tono relativamente sereno y tranquilo. – Te escucho.
-         Ese día que salí temprano, me encontré en la entrada con Diego y pasó algo. – Resumí.
-         ¿Y qué pasó? Cuenta mujer. – Reclamó.
-         Él me tomó a la fuerza y me besó. – Dije y un silencio incomodo invadía el comedor. Luego de un buen rato Billie decidió decir algo al respecto.
-         Tania, ¿Tú me amas? – Preguntó de repente.
-         Por supuesto que te amo Billie, te amado toda mi vida, he sido fanática de la banda por años, gracias a mi hermana y algunos amigos.
-         ¿En serio? – Dudó. – No parece. – Decía con una cara que se iba convirtiendo en enojo, me empecé a asustar. – Te pediría que te fueras.
-         ¿De  aquí? – Fue lo único que se me pasó por la mente en ese momento al escuchar semejante atrocidad.
-         De aquí y de mi vida. Ya no te amo. – Dijo mientras ponía una cara de decepción, acompañado por una lágrima que resbalaba por su cara.
-         No te entiendo, pensé que me querías, pero ahora sé, ahora me di cuenta, me usaste para escapar de tus problemas familiares, pues entérate de una cosa Billie Joe Armstrong, te amo, pero no estoy para tus sucios juegos, si realmente no querías algo serio, nunca debiste traerme acá, me voy con gusto a lo que realmente vine a hacer a California, a buscar en que creer. – Dije en voz alta.
-         ¡Mira quien habla de escapar de sus problemas! – Gritó.
-         Ándate a la mierda rockero de cuarta. – Lo insulté con todo el dolor de mi alma.

Luego entré rápido a mi pieza y guardé rápido mis pocas cosas, mientras Billie se traga el insulto que le dije, y seguía en el comedor, sentado, y furioso al igual que yo. Pensé que me iba a parar, pero no, esperó a que saliera y pegar el grito en el cielo. Escuché que algo se rompía. No tenía ningún derecho a hacer eso, me trató mal y me echó a la calle a pesar de yo haber sido 100% sincera con él. Era un pelotudo y se comportaba no acorde a su edad.

Y fui a la misma plaza a la cual nunca debí haber ido, me senté en la misma banca y comencé a llorar, él nunca me amó, nunca me lo dijo y fui una tonta al irme a vivir con él, lo que rápido llega, rápido se va. A pesar de tener las manos en mis ojos, sentía como la gente que pasaba me miraba raro, eran las 5 pm y estaba lleno de gente. Estaba en el mismo lado donde había comenzado mi viaje, volví a cero y ahora si que no sabía lo que me deparaba el futuro.

Y luego pensé en Diego, a pesar que todo esto había sido culpa suya, era inevitable que mi profundo amor por él no se había ido en un 100%. Lo busqué recorrí todos los lugares cercanos a donde me había topado con él y nada. Y volví a la misma banca y de nuevo me ponía a llorar, ahora de la pura frustración.

-         ¿Te echó? Menos mal que el pelotudo era yo. – Dijo alguien atrás mío mientras ponía su mano en mi hombro. Sabía que era Diego.
-         Si, me echó por tu culpa. – Le reclamé.
-         Te dije que se iba a aburrir de ti. – Dijo mientras se sentaba a mi lado.
-         Mira, ahora no quiero discutir de nada.
-         ¿Para qué soy bueno entonces?
-         Dame alojamiento, donde sea que vivas. – Le pedí.
-         Bueno.

Luego me dio un pañuelo para secarme mis lágrimas, y me tomó la mano al comenzar a caminar.

-         No hagas eso. – Reclamé.
-         Perdón, es que antes te solía gustar tanto caminar.
-         Tú lo dijiste, antes, cuando éramos novios.
-         ¿Y ahora que se supone que soy para ti?
-         Sólo un pelotudo que me debe un favor por arruinarme dos veces la vida.
-         ¿Ni siquiera amigos como antes de ser novios?
-         Ni siquiera eso.

Seguíamos caminando, me dolían los pies, su casa quedaba a la cresta de la loma y no sé cómo tenía ánimo para caminar tanto. Mientras caminaba, sólo podía pensar en lo confundida que estaba sobre mis sentimientos hacia Billie y Diego. Yo toda mi vida he amado a Billie, Green Day siempre sonó en mi casa, y Diego había sido mi amigo de la infancia con el que compartí mi amor por Green Day, aunque con el American Idiot le dejaron de gustar. Mientras pensaba en tantas cosas, llegamos al fin a su casa.

-         ¡Guau! Es mucho más grande que la que tenían allá. – Dije sorprendida al ver tamaña casa.
-         Es cierto. Bueno, entremos. – Luego entramos a la casa y lo primero que vi fue a su mamá, a la cual siempre quise más que a la mía.
-         Tania, ¡Tanto tiempo sin verte niña! – Dijo mientras corría hacía a mi y me apretaba los cachetes de la cara. Ella siempre me quiso tanto como yo a ella. – Ven, siéntate. Y, ¿Qué te trae de visita?
-         Eh… mmm… no vengo de visita, vengo a quedarme, porque Diego me debe un buen favor por lo que me ha hecho. – Dije medio en serio, medio en broma.
-         Ah… lo del bebé, ¿verdad? – Dijo deshaciendo a su hijo con la mirada.
-         Eso y aparte que hizo que terminara con mi actual novio. – Repliqué.
-         Diego… - Dijo con cara de decepción dirigiéndose a Diego otra vez. – Bueno, tú sabes que siempre eres bienvenida en la morada Lizana.
-         Gracias, señora Berta. – Tenía nombre de vieja pero con suerte pasaba los 40 años, también tuvo a Diego joven y cuando pasó lo que pasó siempre entendió y me dio consejos.
-         De nada. Ven vamos a comer.

Y después de este día tan agitado, lo único que quería era dormir, estaba cansada física y psicológicamente, y necesitaba dormir un buen par de horas. Me costó dormirme, porque a pesar que todo lo que le dije, seguía amando a Billie con todas las fuerzas de mi alma, pero a la vez se me rompía el corazón, el saber que me usó como un trofeo y nunca me quiso de verdad; me sorprendió lo poco romántico y sensible, sabiendo su historia con Adrienne, y conociendo las canciones que a ella le había escrito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario