jueves, 14 de abril de 2011

BASKET CASE: Capítulo 4

Capítulo 4: Prohibited Letter: “You know I’ll be there”.

Sentada con Billie un día cualquiera empezó una conversación muy seria.
-         ¿Por qué no me dijiste el nombre del imbécil que te hizo lo que te hizo?
-         Obvié el nombre cuando te conté la historia, no sé porque, quizás no lo quería recordar tan directamente.
-         Hijo de pu…
-         ¿Qué sacas con insultarlo si no está acá? -  Interrumpí y lo reté.
-         Perdón, es que no sabía como empezar a llegar al punto que quiero.
-         Pero, habla de una vez hombre, ¡Al grano!
-         ¿No has pensado en recuperar a tu bebé? – Preguntó tímido. Me quedé helada. – Así los 3 podríamos ser una familia, la familia que ese tal Diego no te dio. ¿Qué piensas?

De repente desperté, no sé por qué cresta había soñado algo así, y no se lo iba ni siquiera a mencionar a Billie.

Salí un rato a caminar, eran las 7 am y decidí pasar un par de horas afuera mientras Billie seguía dormido. De broma le dejé un papel pegado en la frente a Billie que dice: “Salí por un par de horas, no te preocupes”. Traté de no reírme y salí a caminar y terminé en una plaza muy parecida en la que me encontré con Andrea, quizás era la misma, no sé.

Me había comprado unas cositas para comer y sentada comía relajada. Y la calle empezó a torturarme. Pasó una mamá con su hija de un año más o menos. Esa edad puede tener mi hija, pensaba. Y a medida que pasaban los minutos, seguían pasando mamás con bebes chiquitos, como si hubiera una convención de ellas. Sentía que era una maldición de mi mamá, como venganza, ya que me había odiado toda su vida. Luego llegó una chica un poco mayor que yo, embarazada, a sentarse al lado mío, pensé que era el colmo y me enojé y salí de ahí de vuelta al departamento de Billie.

Será que tengo muy mala suerte, pero una desagradable sorpresa me esperaba en la fachada del lugar, casi al llegar a destino.

-         No puede ser. – Dije con una cara de mil metros, al ver a semejante bastardo.
-         Hola, Tania. – Dijo sarcásticamente con una sonrisa en su cara.
-         ¿Qué mierda haces aquí Diego? – Dije furiosa. - ¿Me has estado espiando?
-         A ver porque tanta mala onda. – Dijo ignorando mi enojo.
-         No te hagas el tonto, sabes muy bien lo que me hiciste y porqué estoy enojada contigo. – Reclamé.
-         Pero si eso fue hace mucho tiempo.
-         Ha… - Reí con rabia. – ¿Hace mucho tiempo? ¿Cómo puedes ser tan pelotudo de decirme eso? ¡Fue hace 1 año! – Le dije gritando y dándole una bofetada tan fuerte como el otro día. Pero la respuesta fue diferente esta vez.
-         Sé que todavía no me olvidas. – Dijo sobándose la mejilla.

Luego de decir esto, me tomó de la cintura, me acercó hacía a él y me besó apasionadamente. ¿Cómo se atrevía?, me preguntaba, pero también me dio un dejávù, el beso era dulce, como los que me daba en aquel entonces, y sin querer empecé a sentir cosas, no sabía exactamente que, pero esas mariposas en mi estómago volvían, traté de disimularlos.

-         ¡Suéltame! – Le dije haciéndole el quite. – Y no te atrevas a volver a aparecer por aquí otra vez, ¿Me oíste?
-         Bueno, pero cuando ese rockero que se cree punk, se aburra de ti y vuelva con su mujer, volverás corriendo de nuevo a mis brazos. – Se me olvidaba que él fue el que me hizo fanática de la banda y que había visto a Billie en la tienda.

Con esto dio su pie para retirarse. Estaba terriblemente devastada y millones de preguntas se venían a mi mente. Sin quererlo, fui al departamento y al entrar, entré cabizbaja y sin ganas de hablar.

-         Lindo tu chistecito, ¿ah? – Decía Billie con una sonrisa que no le podía devolver.
-         Ah, eso, si, muy divertido. – Dije con una risa desganada.
-         ¿Te pasa algo? – Contestaba preocupado y cambiando la expresión  de su cara.
-         No, nada, sólo que empecé… a recordar cosas y eso me bajoneó, pero no es nada de qué preocuparse. – Repliqué tratando de calmarlo.

Luego de eso, fui a mi habitación, y me puse a buscar entre mis pocas cosas, lo que yo llamaba “la carta prohibida”, por primera vez desde que Diego me dejó, me iba a atrever a leerla. Segunda vez que la leo.

“Amada Tania:
      ¡Qué linda noticia me diste la semana pasada! Nunca pensé que iba a estar tan feliz en mi vida. Vamos a formar una familia juntos y me encanta la idea. En esta carta sólo te quiero entregar mis sentimientos y llenarte de esperanzas y promesas que cumpliré. Primero que nada te quiero decir que te amo, eres mi mundo entero y mi universo, y te prometo que te seré fiel, prometo ser un buen padre para éste hijo y todos los que vengan en el futuro. Jamás te dejaré, siempre estaré ahí para ti, cuando me necesites. Incluso quiero proponerte algo muy serio e importante. ¿Te quieres casar conmigo? No te sientas presionada, cuando nos veamos el lunes, me respondes así que te daré tiempo para pensar. También quería decirte que mis padres nos apoyan, y conversaran con tus padres para convencerlos de que te den apoyo también. Te amo mucho mi amor, espero tu respuesta, nos vemos el lunes.
                                                        Con cariño,
                                                                            Diego.

P.D.: Pase lo que pase en el futuro, prometamos que siempre trataremos de tomar las mejores decisiones que sean por el bien de nuestro hijo”.

Recordaba muy bien ese miércoles cuando me pasó la carta y la leí por primera vez. Yo me iba a casar con él. Incluso ése sábado, me llamó para que nos juntáramos en cierto lugar a cierta hora. Estaba tan ilusionada, llegué al lugar el lunes, y no estaba. Rato después me llama mi amiga Karina y me dice: “Diego se fue, me dijo el Roberto, que ayer lo vieron con sus padres en el aeropuerto, yéndose, no sé a qué lugar”. Fue ahí donde me di cuenta que él era un imbécil y que esa carta era una mentira de principio a fin. Recuerdo haber llorado por días, pero luego reflexioné, sin abrir la carta, el post data, y eso hice, ahora mi hija está en brazos de padres que la quieren y le darán lo que yo nunca pude haberle dado. Una familia feliz.

-         ¿Estás mejor? – Dijo Billie asomándose a la puerta.
-         Si, estoy mejor.
-         Vamos a almorzar.

Seguía confundida, no articulé palabra en el almuerzo, ¿Seguía sintiendo cosas por Diego? ¿Billie me podría dejar si las cosas se arreglan en su familia? No sé, mi mente daba vueltas y vueltas, lástima que no le puedo contar a Billie, para que me ayude, porque sería bizarro, y simplemente no lo haría por ningún motivo, porque no lo puedo perder sólo por una confusión.

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